[escepticos] OT: Tolkien

Francisco Mercader fmercaderr en telefonica.net
Dom Ene 8 15:24:16 WET 2012


[Víctor R. Ruiz]
Si eran músicos profesionales, por definición eran músicos. Querrás
decir que no eran músicos virtuosos, pero esa es otra historia.

[Mercader]
Es una cuestión de cómo nombrarlos.  En la jerga profesional, a esos 
artesanos  que conocen bien el oficio pero que no demuestran gusto ni 
sensibilidad, les denominamos 'practicones'. Creo que alguna vez he 
contado por aquí la anécdota de la cagada de mosca. En Almería, hace 
unos cuarenta y tantos años, mi grupo, con el que tocaba a diario en 
una sala de fiestas,  tenía que acompañar a unas atracciones y por 
nuestra composición (guitarra, bajo, batería y saxo-violín) nos 
quedábamos cortos; las bailarinas habían tenido la ocurrencia de traer 
unas partituras tan llenas de notas que el papel parecía negro, en 
lugar de blanco. Así que, para la ocasión,  había que traer a un 
pianista para completar la formación.
Sacamos casi de la cama al Maestro Barco, antiguo director de la banda 
municipal y que había enseñado solfeo a varias generaciones de 
almerienses.  Ya estábamos tranquilos porque ese hombre iba a leerlo 
TODO y nos iba a salvar del apuro.
Efectivamente, sin necesidad de ensayar, el insigne maestro nos 
acompañó en la primera actuación  y salió todo perfecto, salvo algún 
pequeño detalle (alguna nota disonante) que atribuimos  a un descuido 
del maestro.  A la noche siguiente, salió todo perfecto, salvo la 
pequeña disonancia  que  sonó en el mismo lugar y momento que el día 
anterior. Esa noche, mientras guardábamos los instrumentos en sus 
estuches, nos asomamos disimuladamente a la partitura de piano y vimos 
una cagada de mosca del mismo tamaño que una semifusa.  El maestro 
pasaba por allí y la tocaba, impertérito,  sin comprender ni analizar 
lo que estaba haciendo.  Su tremendo dominio del instrumento y de la 
lectura a primera vista -cosas que requieren casi toda una vida de 
estudio-  no tenía mucho que ver con sus condiciones musicales. Y no 
se trataba de una partitura extraña, de esas de música contemporánea 
en la que es difícil saber  qué está sonando; era una partitura 
zarzuelera  de lo más fácil.  Creo que hasta el gato que había  en la 
sala, saltaba cada vez que el maestro tocaba aquello. A eso es a lo 
que me estoy refiriendo desde el principio.
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