Re[2]: [escepticos] Re:Ateísmo: ¿Una nueva religión?

jmbello jmbello en mundo-r.com
Lun Ago 4 16:23:32 WEST 2008


Hello david,

Monday, August 4, 2008, 3:17:41 PM, you wrote:

dpn> Ya, pues sería otro tema, lo que digo. Pero que vaya, desde un punto de
dpn> vista epistemológico lo mismo teneis más razón que un santo, lo cierto es
dpn> que no lo encuentro relevante para lo que decía: Que declararse agnóstico es
dpn> darle una relevancia a la creencia en Dios que no se le da a creer en el
dpn> gran Pitufo. Nosesimexplico.

Te pongo un ejemplo concreto, a ver si pillas por dónde voy.

En la bibliografía tradicional sobre historia de Coruña, es muy
frecuente sostener que el asentamiento romano, que lo hubo, se
desarrolló a partir de un asentamiento prerromano, castreño, anterior.
Cada autor, sin embargo, dice que ese castro, ese asentamiento
prerromano, estaba en un sitio diferente.

Como normalmente cuando hay un castro se detecta perfectamente, sea en
la estructura del terreno, sea en los hallazgos que salen a
superficie, sea en la toponimia (por ejemplo, en otra zona de Coruña
fuera del centro, completamente urbanizada desde hace muchos años,
aunque la estructura física está modificada y no puede salir nada
porque todo es asfalto y cemento, se conservan los topónimos "Os
Castros" y "O Castrillón", lo que permite sospechar que allí hubo un
castro en tiempos), me extrañó que no hubiese ningún acuerdo acerca de
dónde estaba ese presunto castro, y me entró la sospecha de que era un
invento. Al revisar los datos en que se basaban los antiguos autores
(de los dos últimos siglos) para sostener la existencia de ese castro
tan ubicuo, me encontré, como era de esperar, con que no existía ni un
maldito dato, de estructuras o de hallazgos, que apuntase a ese
poblamiento prerromano.

En 1994 tuve que escribir sobre el asunto. Para entonces se llevaban
casi diez años de arqueología urbana de cierta intensidad (la primera
actuación tuvo lugar en 1985). Se habían hecho excavaciones, sondeos o
seguimientos de obra en decenas de solares, que habían afectado, mucho
o poco, a todas las posibles ubicaciones que se habían propuesto para
el famoso y elusivo castro, y en ninguna de ellas había salido ni un
puto resto sospechoso de ser castreño.

Aclarando que me basaba en los datos que acabo de señalar, concluía
que había que poner en duda la existencia de ese castro del que
hablaba todo dios pero no aparecía por ningún sitio, y había que dejar
el asunto en cuarentena en tanto algún nuevo dato todavía por salir
llamase a su revisión. Mientras tanto, a la hora de construir la
historia de la ciudad, y aun dejando en claro que sobre lo castreño
sólo podíamos ofrecer ignorancia, por lo que lo que se dijese debía
ser tomado como meramente provisional, debíamos intentar entender
los orígenes de la ciudad *como si* no hubiese habido castro.

Algunos debieron entender eso como que *a efectos practicos* no había
castro, que parece lo mismo, aunque yo creo que no lo es.

Hace más o menos un mes, al llegar al trabajo, vi sobre la mesa de la
biblioteca una caja de cartón que no estaba el día anterior, de las
típicas que se usan para traer el museo los materiales aparecidos en
las excavaciones. Al abrirla por curiosidad, me encontré con un trozo
de terra sigillata con una decoración preciosísima, y con un enorme
fragmento de borde de una vasija claramente castreña, con una
decoración impresa de "junquillo roto" sobradamente conocida.

- ¿De qué castro vienen estas piezas? -pregunté
- De ninguno -respondió mi compañera, que no es arqueóloga pero sabe-
Viene de un solar de la Ciudad Vieja.
- ¡Hala! Por fin tenemos el primer fragmento castreño aparecido en el
casco histórico. Ya iba siendo hora, llevo quince años esperándolo.
¿No dijo nada la arqueóloga sobre el interés del fragmento?
- No, no decía nada, pero se lo dije yo. Aunque no soy experta sí que
supe reconocerlo como castreño. Pero mira, mira la memoria y
asómbrate.

Abro la memoria, busco alguna referencia al fragmento castreño, leo
las conclusiones, en las que esperaba encontrar una valoración en el
sentido de que, aunque un grano no hace granero, la aparición de ese
fragmento volvía a poner sobre el tapete la posible existencia de un
asentamiento prerromano en Coruña o cualquier cosa similar, pero nada.
Finalmente, al no encontrar nada, miro la sigla del fragmento castreño
y la busco en el inventario, a ver cómo estaba descrito. La sorpresa
fue grande: "Fragmento de borde de cerámica medieval".

- ¡Medieval, dice! ¡Y un huevo! Me juego lo que haga falta a que esto
es castreño. ¡Joer, pero si es canónico!
- Sí, eso me pareció. Y ya me dijo ella que lo había catalogado como
medieval, aunque también le había parecido castreño.
- ¡Pero si en la cerámica medieval conocida no hay nada ni que se le
parezca! Y si a ella también le parecía castreño, ¿por qué lo catalogó
como medieval?
- Pues... me dijo que por exclusión. Como romano no era, y como
castreño no podía ser porque *en Coruña no existe asentamiento
castreño*, lo puso como medieval por ser lo más parecido.

Evito dar nuevos motivos para mi eterna condenación repitiendo los
juramentos, blasfemias y cagamentos varios que lancé al oir semajante
dislate. Pero aprovecho para señalar que la persona en cuestión había
seguido literalmente la segunda versión de la plaza en litigio: había
obrado partiendo de la máxima de que el asentamiento castreño en
Coruña, a efectos prácticos, no existe. ¿Y qué hay más práctico que
una excavación y su memoria correspondiente?

Y es que la gente tiene una irrefrenable tendencia a olvidarse de los
complementos, los adverbios y las subordinadas, y quedarse con el
verbo principal pelado. Si la oración principal dice "no existe", pues
no existe y al carajo los matices. Diciendo "como si no existiese"
se pueden evitar un poco esas salvajadas, al ser oración secundaria e ir
el verbo en subjuntivo.

Claro que si das con un burro redomado, poco hay que hacer. Seguro que
se come el subjuntivo pensando que es alfalfa.

Saludos

JM




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